Sobrediagnóstico de neurodivergencia: claves para docentes y orientadores

¿Alguna vez has tenido la sensación de que, en los últimos tiempos, todo el mundo busca ser etiquetado? En el ámbito educativo estamos viendo cómo la conversación sobre sobrediagnóstico de neurodivergencia se vuelve inevitable. Antes, conocíamos casos puntuales de TDAH o autismo; ahora, parece que muchas personas adultas no solo tienen estas condiciones, sino que las convierten en el centro de su proyecto identitario.

La realidad es compleja. Sí, antes había menos visibilidad y eso era un problema grave. Pero hoy nos encontramos con una situación nueva: la especulación sin base científica se mezcla con una moda social fomentada por ciertos medios y redes sociales. Algunos influencers, con más audiencia que programas de televisión, hablan de salud pública lanzando afirmaciones que podrían ser censuradas. El resultado es una dinámica donde seguidores buscan cubrir inseguridades personales a través de diagnósticos no verificados.

Identidad vs. Diagnóstico: el límite ético

Pero ojo, hay que distinguir situaciones. Que alguien afirme tener altas capacidades sin tenerlas es poco ético, pero sus efectos suelen limitarse a su propia mentira. Sin embargo, cuando hablamos de autismo o TDAH, entramos en un terreno delicado. Estas condiciones suponen desafíos reales para la persona, su familia, el sistema educativo y su futuro laboral.

El problema surge cuando se equipara ser neurodivergente con tener un doctorado en neurociencia o cuando se convierte en un acto militante. Ser neurotípico no debería ser un hándicap; es la situación de la mayoría. Sin embargo, existe esa búsqueda estéril de parecer diferente que termina afectando a la autopercepción y a la convivencia escolar.

Ilustración comparativa mostrando la diferencia entre ser neurotípico y el sobrediagnóstico como moda
La moda de etiquetarse puede enmascarar la necesidad de diagnósticos reales.

En el aula, esto se traduce en alumnos o familias que llegan con diagnósticos autoconferidos o basados en tests de internet. La pregunta clave que cualquier orientador o docente debería hacerse es: ¿qué fundamento tiene esa afirmación? El autor Omar Jerez sugiere una prueba sencilla pero reveladora: preguntar por el número de colegiado del profesional que dio el diagnóstico. A menudo, ante esta pregunta concreta, el discurso empieza a divagar y se hace evidente la falta de base real.

¿Cómo actuar en el centro educativo?

No se trata de negar la realidad de las neurodivergencias ni de minimizar su impacto. Se trata de combatir planteamientos absurdos y dejar que estas condiciones sean abordadas por los profesionales pertinentes. En el día a día del colegio, podemos aplicar algunas estrategias:

  • Escucha activa pero crítica: Acoger la preocupación de la familia sin validar inmediatamente un autodiagnóstico.
  • Solicitud de informes oficiales: Para ajustar medidas educativas, es indispensable contar con documentación clínica válida emitida por profesionales colegiados.
  • Educación en el aula: Explicar a los alumnos que ser diferente tiene matices. No todo lo que se viraliza en TikTok es verdad científica.

Es fundamental hacer entender que cada persona tiene peculiaridades distintas, pero construir una identidad sobre afirmaciones carentes de fundamento es peligroso. La neurodivergencia no es un disfraz ni un estatus social; es una realidad biológica y funcional que requiere atención específica.

Documentación clínica oficial sobre una mesa de orientación educativa
Solo los diagnósticos avalados por profesionales colegiados deben guiar las medidas educativas.

Finalmente, recordemos que el objetivo de la educación es acompañar a cada estudiante en su desarrollo real. Si hay dudas sobre la capacidad de atención o las habilidades sociales de un alumno, la ruta correcta siempre pasa por la evaluación profesional rigurosa, no por la validación social de una etiqueta.

Javier Molina

Javier Molina

Maestro de Educación Primaria, especializado en Necesidades Educativas Especiales y Orientación Educativa Familiar. Formación en desarrollo de aplicaciones web y especial interés por la innovación educativa, la tecnología aplicada a la educación y la creación de recursos didácticos.

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