La proporción de adolescentes de 12 a 16 años que dicen sentirse solos casi se ha duplicado: del 7 % en 2018 al 13,6 % en 2022. Es el dato que abre el nuevo barómetro de UNICEF sobre salud mental adolescente, La salud mental sí es cosa de adolescentes. Hablemos de bienestar y estigma, que UNICEF España presentó el 15 de octubre de 2026 en Sevilla. El informe, elaborado con la Universidad de Sevilla y dirigido por la profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación Pilar Ramos, añade otra cifra que interpela directamente a los centros: más de la mitad de quienes reconocen haber tenido un problema de salud mental en el último año no pidió ayuda.
El estudio se centra en el alumnado de ESO, pero su mensaje empieza a construirse mucho antes. Los chicos y chicas de 1.º de ESO salieron de 6.º de Primaria hace apenas unos meses, y a nombrar lo que se siente o a pedir ayuda se aprende, en buena parte, en el colegio.
De dónde salen los datos
El barómetro combina tres fuentes. La primera es el estudio HBSC (Health Behaviour in School-aged Children), que en España coordina la Universidad de Sevilla: unos 2.800 adolescentes de 1.º a 4.º de ESO en cada una de sus ediciones de 2006, 2010, 2014, 2018 y 2022, unos 14.000 en total, que responden al cuestionario de bienestar KIDSCREEN-10. La segunda es la cuarta edición del Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia de UNICEF, realizada en 2024, de la que sale el análisis del estigma (3.472 alumnos de ESO). La tercera es cualitativa: grupos de discusión con adolescentes y con madres y padres, y entrevistas a profesionales.
Conviene tenerlo presente al leer las cifras: los indicadores de bienestar más recientes son de 2022 y los de estigma, de 2024. Además, como advierte el propio informe, son datos transversales que permiten describir tendencias y relaciones, pero no establecer causas.
Una caída que rompe más de una década de estabilidad
Entre 2006 y 2018, el bienestar emocional medido por el HBSC se mantuvo estable, con medias de entre 3,72 y 3,78 puntos sobre 5. En 2022 bajó a 3,47, y empeoraron todos los indicadores:
| Adolescentes de 12 a 16 años que… | 2018 | 2022 |
|---|---|---|
| Dicen sentirse solos | 7,0 % | 13,6 % |
| Dicen sentirse tristes | 11,9 % | 19,5 % |
| Pueden prestar atención y concentrarse con la máxima frecuencia | 55,0 % | 40,1 % |
| Tienen tiempo suficiente para sí mismos con la máxima frecuencia | 52,9 % | 36,7 % |
Fuente: UNICEF España y Universidad de Sevilla, La salud mental sí es cosa de adolescentes (2026), a partir del estudio HBSC España.
El deterioro no es igual para todos. El bienestar de las chicas cayó 0,41 puntos entre 2018 y 2022, frente a 0,14 en los chicos, y la diferencia entre ambos llegó a 0,52 puntos, cuando históricamente se movía entre 0,15 y 0,25. También pesa el origen familiar: en 2022, el alumnado de hogares con menos recursos puntuaba 3,26, por 3,49 en los de nivel medio y 3,54 en los de nivel alto.
«Que la soledad y la tristeza aumenten entre adolescentes de 12 a 16 años es algo que debe preocuparnos y apelarnos a actuar», señaló M.ª Ángeles Espinosa, presidenta de UNICEF España, que pidió a la vez no alarmar ni simplificar. En la presentación, recogida por elDiario.es, Pilar Ramos situó la pandemia entre los factores principales del empeoramiento y llamó a vigilar el uso de pantallas y redes sin supervisión adulta, sin demonizarlas.
El silencio y el estigma, el otro gran hallazgo
El barómetro de 2024 preguntó directamente si se había tenido un problema de salud mental en el último año. Entre el alumnado de 12 a 16 años, el 18,8 % respondió que sí y otro 19,7 % que no lo sabía. De quienes dijeron que sí, el 39,6 % no se lo contó a nadie y el 53 % no pidió ayuda. La barrera más citada fue no querer que otras personas lo supieran, incluidas las familias.
Ahí entra el estigma, entendido como ideas negativas, desconfianza, deseo de distanciarse o rechazo, e incluso lástima o paternalismo, hacia quien tiene un problema de salud mental. Casi tres de cada diez adolescentes (29,7 %) muestran un nivel alto, más frecuente en los chicos (37,6 %) que en las chicas (21,2 %). Y tiene consecuencias: entre quienes reconocen un problema, piden ayuda de forma efectiva el 57 % de los que tienen menos estigma, frente al 45,4 % de los que tienen más. Los primeros también reconocen más problemas en su familia y en sus amistades, y valoran más el apoyo de las personas cercanas como factor de protección (70,5 % frente a 49,2 %).
Hay un contraste llamativo: cerca del 80 % de quienes no han tenido problemas dicen que pedirían ayuda si los tuvieran. Entre quienes sí los han tenido, lo hace menos de la mitad.
Qué pide UNICEF a los centros educativos
El informe dirige recomendaciones a administraciones, sistema sanitario y familias, y dedica un bloque específico a la escuela. En resumen, propone:
- Garantizar la figura de coordinación de bienestar que prevé la ley de protección a la infancia de 2021, con competencias reales, formación, tiempo y recursos.
- Convertir la convivencia y la prevención del acoso en una prioridad continua, con detección temprana.
- Formar al profesorado y a los equipos de orientación para reconocer señales de alerta y dar una primera respuesta, sin convertirlos en profesionales de la salud mental.
- Explicar al alumnado, de forma sencilla y visible, dónde, cómo y con quién puede pedir ayuda, qué pasará después y cuáles son los límites de la confidencialidad.
- Evitar que una sola persona acumule funciones o atienda a demasiados alumnos sin tiempo ni espacio.
Los testimonios del estudio cualitativo van en la misma línea: los adolescentes describen una sola persona «para todos los cursos» a la que cuesta acudir con un problema, y los profesionales entrevistados echan en falta continuidad más allá de las charlas aisladas y más privacidad en el centro.
En Andalucía, esa figura existe en todos los centros públicos desde el curso 2022-2023: la coordinación de bienestar y protección de la infancia y la adolescencia, regulada por las instrucciones de 1 de julio de 2022 de la Dirección General de Atención a la Diversidad, Participación y Convivencia Escolar. Puede asumirla quien coordina el plan de convivencia o, en su defecto, otra persona del claustro, preferentemente del equipo directivo, con aprobación anual del Consejo Escolar. Las recomendaciones de UNICEF ponen el foco justo en lo que más se echa en falta en la práctica: tiempo y formación para que sea algo más que un nombramiento.
Qué significa para un aula de Primaria
El barómetro no mide a niños de Primaria, pero varias de sus conclusiones tienen traducción directa en un colegio:
- Nombrar lo que se siente. Un niño que en 2.º o 3.º ha aprendido a decir «estoy triste» o «me siento solo en el recreo» tiene más fácil reconocerlo a los 13. Las asambleas, los rincones de las emociones o un rato de tutoría a la semana sirven si son habituales, no solo cuando hay un conflicto.
- Dejar claro a quién se le cuenta. Que cada alumno sepa qué adulto del centro puede escucharle, y que eso se repita durante el curso, es la versión de Primaria de lo que UNICEF pide para Secundaria.
- Normalizar que se pida ayuda. El estigma se aprende pronto. Cómo reacciona el grupo cuando alguien llora o dice que lo está pasando mal, y cómo reacciona el adulto, también educa.
- Cuidar la pertenencia al grupo. Si la soledad es el indicador que más ha crecido, los recreos, los agrupamientos y la cohesión de la clase no son un asunto menor. El informe recoge el acoso y el ciberacoso entre las experiencias que más perjudican al bienestar, según los propios adolescentes.
- Observar sin diagnosticar. El papel del maestro es detectar cambios que se mantienen en el tiempo, hablar con la familia y coordinarse con el equipo de orientación del centro o el EOE, no poner etiquetas.
La encuesta del CIS sobre infancia publicada esa misma semana apuntaba en la misma línea desde la mirada adulta: un tercio de los encuestados (33,1 %) señala la dificultad para contarlo como lo peor del acoso escolar, y casi la mitad (48,5 %) lo dice del ciberacoso. Lo analizamos en la encuesta del CIS sobre infancia y adolescencia.
Y para las familias
UNICEF recomienda a las familias escuchar y acompañar, favorecer la comunicación y conocer qué señales merecen atención. No se trata de alarmarse ante un mal día. En general, conviene fijarse en los cambios que duran: aislarse de los amigos, perder interés por lo que antes gustaba, dormir o comer de forma muy distinta, irritabilidad constante o no querer ir al colegio. Sobre esto último tenemos una guía específica: Mi hijo no quiere ir al colegio.
Si el malestar se mantiene, el primer paso es hablar con el tutor y con el pediatra, que puede orientar hacia la atención especializada. En el directorio de profesionales también pueden encontrarse psicólogos infantiles y juveniles. Ante una situación de riesgo inmediato, hay que llamar al 112; la línea 024 atiende de forma gratuita a cualquier persona con pensamientos de suicidio y a sus allegados.
Un aviso que llega a tiempo
El barómetro no describe una generación rota, sino una tendencia que se ha torcido y una barrera, el miedo a ser juzgado, que impide pedir ayuda a quien la necesita. Ninguna de las dos se corrige solo en Secundaria. Que los niños sepan poner nombre a lo que sienten, que sepan a quién contárselo y que vean que hacerlo es normal es trabajo que empieza en las aulas de Primaria.
Fuentes
- UNICEF España: La soledad y la tristeza aumentan entre los adolescentes españoles (15 de octubre de 2026).
- Ramos, P. et al. (2026). La salud mental sí es cosa de adolescentes. Hablemos de bienestar y estigma (PDF). UNICEF España. Ficha en el centro de documentación de la Confederación Salud Mental España.
- elDiario.es: Más tristes y más solos: empeora la salud mental de los adolescentes en España, según el último barómetro de UNICEF (15 de octubre de 2026).
- Infobae (EFE): Unicef revela que la cifra de adolescentes que declaran sentirse solos se ha duplicado (15 de octubre de 2026).
- Junta de Andalucía: Instrucciones de 1 de julio de 2022 sobre la coordinación de bienestar y protección de la infancia y adolescencia (PDF).




