La pregunta que PISA no hace: ¿qué quieren ser nuestros adolescentes?

por | Sep 29, 2026 | Orientación académica

Siéntate un momento con un alumno de 17 años y pregúntale qué quiere ser de mayor. Es muy probable que te encuentres con dos respuestas: influencer o funcionario. La primera es global, pero la segunda tiene una intensidad particular en España. Este fenómeno nos lleva a reflexionar sobre la pregunta que PISA no hace: ¿qué quieren realmente nuestros jóvenes?

No se trata solo de una impresión personal. Datos como los del Informe Young Business Talents situaban a los jóvenes españoles a la cabeza de Europa entre quienes ven la plaza pública como mejor opción, con un 32%, muy por delante de italianos o portugueses. Al mismo tiempo, solo un 35% querría emprender, frente al 58% de sus pares en Italia. Son cifras que cualquier docente de bachillerato reconoce sin necesidad de encuestas: la seguridad prima sobre la aventura.

El contraste con otros contextos es evidente. En Estados Unidos, estudios como los de Junior Achievement USA indican que tres de cada cinco adolescentes estarían más interesados en montar su propio negocio que en tener un empleo tradicional. Allí el techo que imaginan es lo que pueden construir; aquí, lo que consigan que no les quiten.

La aritmética y la falta de imaginación

Vamos al lío: elegir seguridad a los 17 años no es cobardía, es aritmética. Con la temporalidad, los sueldos y el paro juvenil que tenemos, la elección tiene sentido lógico. Pero el problema real surge cuando esa lógica matemática explica la ausencia de cualquier otra opción imaginada.

Existe un margen de alumnos que ni siquiera llegan a plantearse otras alternativas, no por haberlas descartado tras analizarlas, sino porque nunca han podido visualizarlas. Ese es el espacio donde la educación puede actuar. Como señala Joanna Habiak en su análisis, lo más grave de nuestra escuela no son los conflictos, sino las preguntas que evitamos hacernos para no incomodarnos.

PISA mide cada tres años lo que nuestros adolescentes saben, pero nadie mide lo que quieren. Nos preocupa el desplome en comprensión lectora, y es grave, pero nos debería quitar más el sueño que buena parte de los que aprueban tampoco deseen nada en particular. Están bien, sacan el curso, no molestan. Y no desean.

Este fenómeno no se corrige solo desde un aula ni desde una cocina, pero empieza antes y empieza en casa. Un dato de Funcas debería leerse despacio: el 47,9% de los españoles recomendaría a una persona joven ser funcionario, y solo el 13% le recomendaría montar su propio negocio. Ellos no han elegido ese horizonte; se lo hemos enseñado.

En muchas familias, quien más sabe de emprender es a menudo quien más lo desaconseja. No por miedo al esfuerzo, sino por la cuenta que sale a fin de mes. Cuando una persona que construyó algo le dice a su hijo que ni lo intente, ese joven no recibe un consejo: recibe un mapa con un solo camino marcado.

Encrucijada entre seguridad laboral y emprendimiento
Dos caminos posibles que los jóvenes deben poder imaginar.

La ambición nace de la frustración

La ambición no surge de la comodidad. Nace de haber sostenido una frustración con alguien al lado. Un niño al que se le retira el obstáculo cada vez que aparece no aprende a desear: aprende a esperar. A esperar que alguien lo resuelva, que alguien lo apruebe, que alguien le diga lo que toca.

Esas esperas, veinte años después, tienen temario y tribunal. Pero hay experiencias que pueden cambiar esa perspectiva. Un ejemplo hipotético pero ilustrativo es el de un joven de 20 años que vivió dos semanas como empleado y dos como emprendedor. Una parte del dinero se cobraba por cumplir y la otra había que construirla. Al terminar, esas cuatro semanas le enseñaron más que los estudios teóricos.

Desde la orientación educativa, debemos ser conscientes de que el sistema a veces desmonta lo que funcionaba. Cataluña mantiene desde 1998 el trabajo de investigación obligatorio en bachillerato, aunque su peso se ha reducido, y Baleares lo implantó para devolverlo a optativa. En el resto del país depende de que a un docente le apetezca, sin marco que lo sostenga.

Donde existe es investigación, aprender a preguntarse cosas, que está muy bien. Pero preguntarse no es querer, e investigar un tema no enseña a sostener algo tuyo el día que deja de apetecerte. Aquí es donde la IA y educación: los mejores libros para aplicarla correctamente en las aulas pueden ser un complemento, pero no la respuesta única a la falta de proyecto vital.

Estrategias prácticas para el aula

¿Qué podemos hacer? Concretemos. Un trimestre en primero de Bachillerato, dentro del horario y no encima de él, en el que cada alumno proponga algo suyo: un proyecto, un servicio, una idea con destinatario real. No se trata de crear empresas reales, sino de vivir el proceso.

La evaluación debe cambiar. En lugar de una nota global, evaluemos tres cosas:

  • Si lo terminó.
  • Si resolvió solo los problemas que fueron apareciendo.
  • Si es capaz de defenderlo diez minutos ante alguien de fuera del centro.

Después, que se publique cuántos llegaron al final. Lo que no se mide se abandona en silencio, y eso es justo la crítica que debemos evitar. Lo que evaluamos mejora; lo que ni siquiera preguntamos, desaparece.

Objetos sobre una mesa representando evaluación y proyectos
Lo que evaluamos mejora; lo que no preguntamos desaparece.

Quizá la pregunta que le falta a PISA sea la más barata de todas, porque no necesita presupuesto, ni ley, ni oposición. Son tres palabras, esta noche, en tu cocina: ¿Tú qué quieres?

Desde la orientación académica, nuestro rol es ayudar a los estudiantes a explorar estas preguntas antes de que lleguen a bachillerato. Artículos como orientación académica nos recuerdan que la elección de estudios no debe ser un camino único, sino una exploración de posibilidades. También es vital trabajar la comunicación fluida familia y colegio, ya que las expectativas familiares son el primer filtro que los jóvenes reciben sobre su futuro.

Finalmente, no olvidemos que la Inteligencia Artificial en el aula puede ser una herramienta para simular escenarios, pero nunca sustituirá la experiencia real de enfrentarse a un proyecto propio. La clave está en equilibrar la seguridad que ofrece el sistema con la capacidad de imaginar y construir alternativas.

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septiembre 29, 2026

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Javier Molina

Javier Molina

Maestro de Educación Primaria, especializado en Necesidades Educativas Especiales y Orientación Educativa Familiar. Formación en desarrollo de aplicaciones web y especial interés por la innovación educativa, la tecnología aplicada a la educación y la creación de recursos didácticos.

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