Cambio en PISA 2025: cómo se mide ahora el nivel socioeconómico en España

por | Sep 23, 2026 | Actualidad educativa

Imagina que quieres saber si un centro educativo está haciendo bien su trabajo. El dato más fiable suele ser cómo rinden sus alumnos en comparación con otros de similares condiciones. Pero, ¿cómo sabemos cuáles son esas «condiciones»? Aquí es donde entra el nivel socioeconómico en PISA. Y parece que la forma de medirlo necesita un repaso serio.

Un grupo de investigadores españoles ha puesto sobre la mesa una propuesta interesante: ajustar los indicadores que usamos para calcular ese nivel. La idea central es reducir la importancia de tener muchos libros en casa y, en su lugar, dar más peso a cosas como tener piscina privada o suscripciones a servicios de televisión por internet.

¿Por qué este cambio? Porque el mundo ha cambiado. Lo que antes era un símbolo claro de estatus educativo y cultural (una biblioteca repleta) hoy puede no significar lo mismo en una generación que consume contenido digital de forma masiva. Al mismo tiempo, ciertos bienes de consumo o servicios han pasado a ser marcadores más precisos del capital económico actual.

¿Por qué los libros ya no dicen tanto?

Desde hace décadas, el número de libros en el hogar ha sido el indicador estrella para medir el nivel socioeconómico y cultural (NSC) en las pruebas internacionales. La lógica era impecable: una casa con muchos libros suele tener padres que valoran la lectura, tienen más formación y probablemente invierten más en educación.

Pero los datos recientes sugieren que esta correlación se está debilitando. En muchas familias españolas, la presencia física de libros ha disminuido o se ha transformado. No es que no lean; es que el formato ha cambiado. Ahora consumen audiolibros, artículos online, podcasts educativos y contenido en tabletas.

Si seguimos preguntando «¿cuántos libros tienes en casa?» sin matizar, podemos estar subestimando a familias con alto capital cultural pero baja presencia de papel. O, por el contrario, sobreestimar a hogares donde los libros son herencia y no reflejan un hábito lector activo actual.

La propuesta de los investigadores no es tirar los libros a la basura, sino equilibrar su peso. Si antes este indicador tenía una influencia masiva en el cálculo del índice ESCS (Economic, Social and Cultural Status), ahora se sugiere que conviva con otros marcadores más actuales.

Infografía comparando antiguos y nuevos indicadores socioeconómicos
El peso de los libros se reduce frente a nuevos marcadores como el acceso a servicios digitales y bienes de consumo.

Nuevos indicadores: piscina y suscripciones digitales

Aquí es donde la propuesta se pone curiosa y, a la vez, muy reveladora. Se propone añadir tener piscina privada o contar con suscripciones a plataformas de televisión (como las que ofrecen contenidos bajo demanda) como variables para medir el nivel socioeconómico.

Pensemos en lo que representa cada uno:

  • La piscina privada: Es un indicador clásico de poder adquisitivo. En España, tener una piscina no es solo un lujo; requiere espacio, mantenimiento, inversión inicial alta y capacidad de gastar en agua y energía. Es difícil de falsificar como marcador de riqueza.
  • Suscripciones televisivas o digitales: Esto apunta al consumo cultural moderno. Tener múltiples suscripciones (streaming, plataformas educativas, servicios premium) indica no solo dinero disponible para ocio, sino también acceso a la tecnología y alfabetización digital necesaria para gestionar esos servicios.

No se trata de que tener una piscina haga que un alumno aprenda más matemáticas. Se trata de que estos datos ayudan a crear un «perfil» más fiel del entorno familiar en el que el estudiante se desarrolla. Al afinar esta medición, podemos comparar centros educativos de forma más justa.

Si un centro con muchos alumnos de familias con piscina y múltiples suscripciones rinde igual que otro sin esos recursos, la conclusión es muy distinta a si no hemos medido bien esas diferencias desde el principio.

Patio escolar con piscina y estudiantes usando tecnología
La presencia de infraestructuras como piscinas y el uso de tecnología marcan nuevas realidades socioeconómicas.

¿Qué implica esto para los centros educativos?

Para un docente o un director de centro, este cambio en la medición del nivel socioeconómico en PISA tiene una consecuencia práctica directa: nos obliga a mirar más allá de lo obvio. La diversidad en el aula no se mide solo por notas o nacionalidad, sino por realidades económicas y culturales que a veces son invisibles.

Si la prueba internacional empieza a ponderar estos nuevos factores, los informes nacionales también deberían hacerlo. Esto significa que las comparaciones entre centros podrían cambiar. Un colegio en una zona urbana con alta densidad de población pero sin acceso a ciertas comodidades podría quedar en una situación diferente en el ranking de rendimiento ajustado.

Además, esto nos invita a reflexionar sobre qué valoramos en nuestras propias aulas. ¿Seguimos premiando solo la lectura de libros físicos? ¿Estamos atentos a las formas en que los estudiantes acceden a la cultura y la información hoy en día?

La propuesta no es perfecta y generará debate. Algunos podrían argumentar que una piscina no tiene nada que ver con el aprendizaje, o que las suscripciones son efímeras. Pero el punto clave es que la realidad es dinámica. Si nuestros instrumentos de medición se quedan anclados en el pasado, corremos el riesgo de tomar decisiones educativas basadas en datos obsoletos.

Al final, el objetivo de medir el nivel socioeconómico no es etiquetar a las familias, sino entender mejor las condiciones de partida para que la escuela pueda actuar con más precisión. Si los indicadores se ajustan, las políticas educativas también tendrán que hacerlo.

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septiembre 23, 2026

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