PISA 2025: ¿Realmente han caído más los alumnos ricos o ha cambiado la forma de medirlo?

por | Sep 24, 2026 | Actualidad educativa

Recientemente, el informe PISA 2025 generó titulares alarmantes: parecía que los estudiantes de familias acomodadas eran los que más habían perdido terreno en su aprendizaje. Se hablaba de una reducción drástica de la brecha social porque este grupo habría descendido mucho más que el resto. Pero, ¿y si el problema no está en las aulas, sino en cómo se ha medido la riqueza?

Un estudio del Innovamat Research Lab, en colaboración con investigadores de EsadeEcPol (Lucas Gortazar y Lucía Cobreros), pone en tela de juicio esa conclusión. Según su análisis, lo que hemos visto no es un colapso académico de los alumnos ricos, sino un cambio en la metodología de la OCDE para evaluar el nivel socioeconómico.

El dato que causó sensación

Vamos al lío con los números que sacaron de quicio a muchos. En la edición del pasado 8 de septiembre, la OCDE señalaba que entre 2022 y 2025 el rendimiento general bajaba en casi todos los países, pero lo hacía de forma dispar:

  • El cuartil socioeconómico más alto cayó 14 puntos en matemáticas, 7,7 en ciencias y 20,7 en lectura.
  • Los otros tres cuartiles cayeron solo 3,1 puntos de media en matemáticas y 6,5 en lectura.
  • Incluso en ciencias, los alumnos menos favorecidos mejoraron 4,4 puntos.

La interpretación inmediata fue clara: la brecha se reducía porque los privilegiados se desinflaban. Pero el nuevo estudio advierte que si medimos de forma comparable, sin cambiar la herramienta respecto a ediciones anteriores, esa brecha no solo no se ha reducido, sino que en 2025 alcanza su nivel más alto de la última década.

¿Qué cambió en el índice socioeconómico?

Aquí está la clave. La OCDE introdujo varios cambios para calcular el Índice Social, Cultural y Económico (ISEC o ESCS) en PISA 2025. Este índice se compone de tres partes: educación de los padres, ocupación laboral de los padres y un inventario de bienes del hogar.

Lo crucial ocurrió en ese tercer componente. El cuestionario de 2025 eliminó once ítems, entre ellos las ocho preguntas sobre tipos de libros en casa. ¿Por qué es importante? Porque esas preguntas estaban muy relacionadas con el aprendizaje y el capital cultural familiar.

En su lugar, se sustituyeron por nuevos ítems sobre condiciones de vida: habitación de invitados, sistema de seguridad, piscina, agua corriente o luz eléctrica. Estos últimos son casi universales en los países de la OCDE y tienen una relación mucho menor con el rendimiento académico.

Comparación visual entre criterios antiguos y nuevos de medición socioeconómica
La eliminación de preguntas sobre libros y la inclusión de bienes materiales alteró la clasificación de los alumnos.

La distorsión del dato

Según los investigadores, este cambio rompió la comparabilidad entre 2022 y 2025. ¿El resultado? Que una proporción significativa de estudiantes con buenos resultados en PISA y alto capital cultural, pero con unas condiciones de vida más modestas (sin piscina ni habitación de invitados), dejaron de aparecer en el cuartil socioeconómico alto.

En ediciones anteriores, esos alumnos habrían estado clasificados como «ricos» gracias a los libros y la formación de sus padres. Ahora, al no contar esos elementos culturales, se desplazaron a categorías inferiores, arrastrando hacia abajo la media del grupo que antes era el más alto. No es que hayan aprendido menos; es que ya no se les reconoce como el mismo grupo.

Implicaciones para los centros educativos

¿Qué nos lleva esto a nosotros, docentes y orientadores? Primero, ser extremadamente cautelosos con las interpretaciones de grandes informes internacionales. Los datos son herramientas poderosas, pero dependen totalmente de cómo se construyan.

Si en nuestro centro notamos que los alumnos con más recursos están rindiendo peor, no debemos asumir automáticamente que es una tendencia global. Puede ser un cambio metodológico en la medición o factores locales muy específicos.

Además, esto nos recuerda que el capital cultural (libros, hábitos de lectura, estimulación intelectual) sigue siendo un predictor clave del éxito académico, incluso cuando las métricas oficiales intentan medirlo solo a través de bienes materiales. La brecha real no se ha cerrado; simplemente hemos cambiado la lupa con la que la observamos.

Gráfico comparativo entre la brecha real y el dato distorsionado en PISA
La interpretación de los datos depende de la herramienta de medición utilizada.

Reflexión final sobre los datos educativos

El caso de PISA 2025 es un recordatorio necesario: los números no hablan por sí solos. Detrás de cada cifra hay decisiones metodológicas que pueden alterar completamente la interpretación.

Como profesionales de la educación, nuestro trabajo es mirar más allá del titular. Entender cómo se miden las cosas nos permite tomar decisiones pedagógicas más acertadas y evitar alarmismos infundados. La equidad educativa sigue siendo un reto real, pero no podemos resolver problemas que no existen o malinterpretar los que sí están ahí.

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septiembre 24, 2026

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