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Cero pantallas hasta los 6 años: un decálogo para los colegios

Cero pantallas hasta los 6 años y menos de una hora de 7 a 12, clase incluida: qué propone el decálogo de Control Z y qué supone para el aula.

Javier Molina Javier MolinaMaestro de Primaria 9 min de lectura
Portada: cero pantallas hasta los 6 años, menos de 1 hora de 7 a 12 y menos de 2 horas de 13 a 16, según el decálogo de Control Z

Cero pantallas hasta los 6 años, menos de una hora diaria entre los 7 y los 12, y eso contando también el tiempo de clase y los deberes. Es la recomendación central del Decálogo para una infancia y adolescencia protegida del entorno digital, que la Plataforma Control Z presentó el 27 de octubre de 2026 en Madrid. El documento, fechado el 21 de octubre, está avalado por unanimidad por las 14 sociedades médicas y de psicología que integran la plataforma, y tiene un destinatario claro: el sistema educativo.

Control Z es una plataforma que dirige Mar España, exdirectora de la Agencia Española de Protección de Datos, y que reúne a sociedades científicas, entidades sanitarias, fundaciones y asociaciones. En la presentación, celebrada en la sede de Ecologistas en Acción, se dio a conocer también la Estrategia Digital ZETA, un informe para centros educativos elaborado por el programa Escuela Saludable de esa organización.

Qué recomienda el decálogo, edad por edad

El texto parte de una idea: la infancia y la adolescencia son etapas de maduración intensa de la atención, el control de los impulsos, la regulación emocional y los vínculos, y conviene proteger lo que más las favorece, que es el sueño, el juego, la actividad física al aire libre, la lectura y las relaciones cara a cara. A partir de ahí, fija estas referencias:

Edad Recomendación del decálogo
0 a 6 años Evitar las pantallas, sobre todo antes de los 2 años, salvo usos sociales puntuales y supervisados, como una videollamada con familiares lejanos.
7 a 12 años Menos de 1 hora diaria, incluidos el tiempo escolar y los deberes, con acompañamiento adulto.
13 a 16 años Menos de 2 horas diarias, también con el tiempo escolar y los deberes incluidos.
Hasta los 16 años No entregar un smartphone con acceso libre a internet; entre los 13 y los 16, mejor teléfonos sin internet o con conectividad limitada.

Fuente: Plataforma Control Z, Decálogo para una infancia y adolescencia protegida del entorno digital (21 de octubre de 2026).

El propio documento matiza estas cifras: las presenta como «recomendaciones prudenciales, no fronteras biológicas rígidas», y añade que importan tanto el contenido y la finalidad como el tiempo. Tampoco plantea los 16 años como un límite neurobiológico demostrado, sino como una propuesta regulatoria para los servicios de más riesgo, como las redes sociales.

El resto del decálogo amplía el foco: fomentar hábitos sin pantallas en casa, en el colegio y en el ocio municipal (con el dormitorio, las comidas y el rato antes de dormir como espacios libres de dispositivos); implicar a los centros en la protección de la salud mental y en la detección precoz del uso problemático; proteger la imagen corporal y la construcción de la identidad en la adolescencia; enseñar educación digital antes de dar autonomía digital, y repartir la responsabilidad con administraciones y plataformas tecnológicas, a las que se pide privacidad por defecto, verificación de edad y menos mecanismos de enganche como el scroll infinito o la reproducción automática.

La escuela, en el centro de la propuesta

La novedad respecto a otras guías es que este documento mira de lleno a los colegios. Junto al decálogo incluye una batería de recomendaciones para el sistema educativo: que los centros sean espacios libres de smartphones personales, que se distinga la tecnología educativa del entretenimiento digital y que cada centro defina cuándo, para qué y cómo se usan los dispositivos. Para la etapa infantil es tajante: sostiene que, por norma general, no hay evidencia de que la tecnología educativa aporte beneficios a esas edades, y defiende que la alfabetización empiece sin dispositivos.

El texto se apoya, entre otras fuentes, en los datos de PISA 2025 que cita: el 29 % del alumnado español de 15 años dice que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales en la mayoría o en todas las clases de ciencias, frente al 28 % de media en la OCDE. El propio documento advierte de que esos datos no permiten atribuir una relación de causa y efecto con el rendimiento.

En la presentación, recogida por la agencia EFE, Mar España resumió el planteamiento así: «Hay una sobredosis digital y el sistema educativo no puede mirar hacia otro lado». José Antonio Luengo, vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España, puso el acento en el descanso y advirtió de que la hiperconectividad nocturna provoca falta de sueño que acaba afectando a la memoria de trabajo. La plataforma ha contactado con el Consejo Escolar del Estado y prevé llevar el documento al Ministerio de Educación, a la Comisión Europea y al Parlamento Europeo.

Un debate con matices

El decálogo no parte de cero. En diciembre de 2024, el comité de expertos creado por el Ministerio de Juventud e Infancia ya recomendó evitar por completo las pantallas de 0 a 3 años, permitirlas solo de forma puntual y supervisada de 3 a 6, y retrasar el primer smartphone, en un informe con 107 propuestas. La diferencia es que Control Z concreta límites horarios para Primaria y ESO y los aplica también dentro del aula.

Ese es también el punto que más trabajo dará a los centros. Contar el tiempo escolar dentro de la hora diaria obliga a revisar proyectos de digitalización que han llenado muchas aulas de tabletas y pizarras digitales. El documento se ampara en el principio de precaución, pero no equipara todos los usos: insiste en la finalidad y la calidad de los contenidos, y pide justificar cada uso de la tecnología en lugar de «digitalizar por inercia». No es lo mismo una explicación guiada en la pizarra digital que una tarde de vídeos cortos, y el debate en los claustros probablemente girará en torno a esa diferencia.

Además, el marco legal está en suspenso. La ley orgánica de protección de los menores en los entornos digitales, que iba a elevar a 16 años la edad para acceder a redes sociales, estaba en fase de ponencia en el Congreso y ha decaído con la disolución de las Cortes ante las elecciones del 29 de noviembre. Por eso Mar España pide un pacto de Estado al próximo Gobierno.

En Andalucía, una parte de lo que propone el decálogo ya está en vigor: desde el 5 de diciembre de 2023, las instrucciones de la Consejería de Desarrollo Educativo limitan el uso del móvil por parte del alumnado durante toda la jornada, recreos y actividades complementarias incluidos, salvo usos didácticos previstos por el centro. Repasamos cómo organizarlo en el centro en las claves para regular los móviles en las aulas.

Qué significa para un aula de Primaria

Si se toma la referencia de menos de una hora diaria incluyendo el colegio, la pregunta en clase deja de ser «¿usamos o no la tecnología?» y pasa a ser «¿para qué la usamos hoy?». Algunas ideas prácticas:

  • Pantalla con objetivo y con final. Si la pizarra digital sirve para modelar una estrategia de cálculo, mostrar un mapa o corregir en común, tiene sentido. Si solo sustituye al cuaderno o rellena un hueco, se puede prescindir de ella. En el debate sobre las pantallas en las aulas repasamos criterios para decidirlo.
  • Proteger lo analógico. El decálogo pide cuidar la lectura, el juego y la actividad física al aire libre. En el aula, eso se traduce también en leer en papel, escribir a mano y manipular material concreto en matemáticas.
  • Coordinar con las familias. Si los deberes requieren tableta, ese rato cuenta en el total del día. Merece la pena tenerlo en cuenta al planificar tareas para casa.
  • Enseñar a usar antes de dejar usar. La educación digital (privacidad, publicidad, desinformación, pedir ayuda ante algo que incomoda) puede empezar en Primaria con muy poca pantalla y mucha conversación.

Y para las familias

Para una familia con hijos en Primaria, la referencia es sencilla de explicar y difícil de cumplir: menos de una hora al día en total. Más que contar minutos con cronómetro, el decálogo propone acuerdos de casa: nada de pantallas en el dormitorio ni en las comidas, desconectar una o dos horas antes de dormir y retrasar todo lo posible el primer smartphone, algo que resulta más fácil si las familias de la clase, a través de la AMPA, llegan a un acuerdo común, lo que el decálogo llama un «pacto social».

La evidencia sobre los más pequeños apunta en la misma dirección. Hace unos días analizamos un estudio de la Universidad de Granada que asocia una hora o más de pantalla al día con más dificultades de lenguaje entre los 3 y los 5 años. Y si el tiempo que se libera necesita ideas, la lectura compartida es una de las mejores: en cómo recuperar el gusto por la lectura en casa hay una rutina de diez minutos para empezar.

Si el uso de pantallas ya genera conflictos serios, aislamiento o problemas de sueño que se mantienen en el tiempo, conviene hablar con el tutor y con el pediatra, que pueden orientar hacia un especialista.

Una hora que obliga a elegir

El decálogo de Control Z no tiene fuerza de ley, pero sí el respaldo de buena parte de la pediatría y la psicología españolas, y pone sobre la mesa una cifra que obliga a escuela y familias a hablar entre sí. Si la hora diaria se comparte entre el aula y la casa, cada minuto de pantalla tendrá que justificarse. Para un maestro de Primaria, eso no significa renunciar a la tecnología, sino usarla menos y mejor.

Fuentes

Javier Molina
Javier Molina

Maestro de Educación Primaria en Andalucía, especialista en Inglés, con máster en Necesidades Educativas Especiales (NEE) y Orientación Educativa Familiar, y Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Web. Doy clase de Matemáticas en 2.º de Primaria y soy el autor de los laboratorios para la pizarra digital de esta web, que pruebo cada semana con mis alumnos. Aquí comparto lo que hago en clase, recursos propios y estrategias para la atención a la diversidad escolar y familiar.

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