Imagina un escenario donde la Atenas del siglo IV a.C. se encuentra con la música disco de los setenta. Pues eso es exactamente lo que ha ocurrido en el Teatro Romano de Sagunto, donde una compañía escolar ha dejado sin aliento a los jurados. La noticia viene cargada de méritos: Alezeiateatro, del Colegio Maravillas de Benalmádena, se ha llevado el Primer Premio Nacional en la categoría de Comedia Griega y Latina del XIX Concurso Nacional de Teatro Clásico Grecolatino.
¿Y qué tiene de especial este montaje? Que demuestra que el teatro clásico en el aula no tiene por qué ser un ejercicio académico frío o distante. Al contrario, puede ser vibrante, actual y profundamente significativo para los estudiantes. Su adaptación de ‘Asamblea de mujeres’, de Aristófanes, ha sido reconocida no solo por la calidad de su interpretación, sino por su capacidad para conectar con el público moderno.
Una obra antigua, un lenguaje contemporáneo

La obra original de Aristófanes narra cómo un grupo de mujeres, lideradas por Praxágora, se disfrazan de hombres para infiltrarse en la Asamblea ateniense y tomar el poder. Un tema que, si lo piensas bien, sigue teniendo una vigencia sorprendente: la lucha por la igualdad, la crítica al poder establecido y las dificultades para transformar la sociedad.
Lo que ha hecho diferente a Alezeiateatro es su propuesta artística. Dirigida por Desirée Pérez Fernández, la compañía no se ha limitado a recrear el vestuario antiguo. Han optado por un montaje rítmico y coral, con música disco de los años setenta y coreografías que marcan el pulso de la comedia. Es una apuesta valiente: mezclar dos mundos aparentemente lejanos para resaltar lo universal del texto.
Este enfoque nos plantea una pregunta interesante para cualquier docente: ¿cómo hacemos que los textos clásicos hablen a nuestros estudiantes? La respuesta parece estar en no tener miedo a la creatividad. No se trata de ‘modernizar’ por modernizar, sino de encontrar el puente emocional y cultural que permita a los alumnos conectar con las ideas de la obra.
El éxito de esta adaptación radica en que los estudiantes no solo han aprendido los versos, sino que han comprendido la esencia de la sátira y la comedia. Al trabajar con ritmos modernos, probablemente hayan sentido la obra como propia, algo vital para cualquier proyecto de teatro clásico en el aula.
La constancia: veinte años de formación teatral

No es un logro de un día. Este premio coincide con el 20.º aniversario de Alezeiateatro, un proyecto nacido en 2006 en el Departamento de Humanidades del colegio. A lo largo de dos décadas, la compañía ha sido reconocida en más de 70 certámenes provinciales, autonómicos y nacionales. De hecho, ya habían logrado su primer premio nacional en 2014 con ‘Las Suplicantes’ de Esquilo.
Este dato es crucial. El teatro escolar de calidad no surge de la nada; requiere tiempo, estructura y una visión a largo plazo. Ana Martínez, quien ha recibido una Mención Especial por su interpretación de Praxágora, es un ejemplo perfecto de este proceso. Formó parte del elenco desde los seis años, cuando cursaba 1º de Primaria, y hoy está en 2º de Bachillerato.
Diez años de ensayos, funciones y disciplina dentro de un proyecto educativo. Esto nos habla de la importancia de la continuidad en las actividades extraescolares o transversales. Un alumno que se involucra con el teatro durante toda su escolaridad desarrolla habilidades de oratoria, trabajo en equipo, gestión emocional y confianza personal de una manera que es difícil de replicar en otras asignaturas.
La mención especial a Ana no es solo por su talento actoral, sino por el reconocimiento a una trayectoria. Su personaje, Praxágora, es una mujer decidida e inteligente que asume el liderazgo para convencer a toda una ciudad. Interpretar ese rol tras años de formación da una profundidad extra a la actuación.
Implicaciones para los centros educativos
Este caso nos invita a reflexionar sobre cómo integramos las humanidades en nuestros centros. A menudo, el teatro se deja como un ‘extra’ bonito pero no esencial. Sin embargo, cuando se trabaja con la profundidad que Alezeiateatro ha demostrado, se convierte en una herramienta pedagógica de primer orden.
El concurso, convocado por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, busca precisamente esto: reconocer el trabajo de grupos que promueven la lectura y representación de los clásicos. Pero más allá de los premios, ¿qué podemos aplicar en nuestro día a día?
- Interdisciplinariedad: El teatro clásico conecta literatura, historia, música, danza y artes plásticas. Es una puerta abierta para trabajar competencias de forma integrada.
- Participación activa: Los alumnos no son espectadores pasivos; son creadores. Toman decisiones sobre la dirección, el vestuario, la escenografía y la puesta en escena.
- Comprensión crítica: Al adaptar obras antiguas a contextos modernos, los estudiantes desarrollan pensamiento crítico al analizar las similitudes y diferencias entre épocas.
- Inclusión y diversidad: El teatro permite que alumnos con diferentes perfiles de aprendizaje encuentren su espacio y contribuyan al grupo desde sus fortalezas.
Claro, montar una obra así requiere recursos, tiempo y voluntad. Pero el ejemplo de Benalmádena demuestra que los resultados valen la pena. No se trata de competir por un premio, sino de ofrecer a los estudiantes una experiencia educativa rica y transformadora.
¿Te imaginas qué pasaría si en más centros educativos se diera este tipo de oportunidades? El teatro clásico en el aula podría dejar de ser una asignatura optativa para convertirse en un pilar fundamental de la formación integral. La clave está en mantener la constancia, como lo ha hecho Alezeiateatro durante estos veinte años, y en no tener miedo a innovar en la forma de presentar los clásicos.





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